Es la frase que mejor define por qué decidí convertirme en redactora freelance. Si me entero de algo, te cuento. Os suena de algo, ¿verdad? Quizás porque vosotros alguna vez la habéis tenido que usar cuando os ha llegado la llamada desesperada de algún amigo demandando un puesto de trabajo para poder seguir pagando la hipoteca. Cierto es que en mi empresa poco podía hacer yo por amigos o excompañeros. Ahí lo único que fichaban era mano de obra barata. Vamos, becarios, que empezaron a multiplicarse como las setas.

BECARIOS, DE MODA

«¿Tu excompañero está dispuesto a currar como becario? Como es licenciado, podemos pedirle que se matricule en un curso baratito de lo que sea (hombre, si puede que tenga algo que ver con lo suyo y así lo aproveche) para que pueda entrar en el convenio», me sugería uno de los tipejos más zafios que se ha cruzado en mi vida laboral. «Hombre, pues no sé, tiene familia, hijos…». Y entonces yo le tenía que decir a mi excompañero: «Compi, paso tu CV a Recursos Humanos e insisto con el tema, vale? Y, bueno, si sale algo o si me entero de algo, te cuento».

LA FRASE ‘BOOMERANG’

Y así es como esa maldita frase: «si me entero de algo, te cuento», se volvió contra mí como un implacable ‘boomerang’ años después. Y sé de sobra cual es su significado: «No puedo hacer nada por ti y probablemente nunca pueda hacerlo, pero si te hace sentir bien que te diga que si me entero de algo te cuento, por mí que no quede». Y a otra cosa mariposa. Quizás cuando yo se la soltaba a alguien, esa persona pensaba: «Qué maja, no va a hacer nada». Normal que lo pensara.

VIEJAS CONOCIDAS

Os cuento esto porque hace unos meses una exjefa mía era adulada por todos sus contactos en Facebook cuando compartió una noticia sobre los datos de la nueva web que ella había comenzado a gestionar. Yo la felicité como una más y de paso aproveché la ocasión para contarle mi nueva situación por si ella tenía cierta mano… Pues bien. Ese día, quien me lo iba a decir, me abrió los ojos. No solo me dijo que no podía hacer absolutamente nada por mí, sino que se permitió el lujo de aconsejarme que con esfuerzo y trabajo seguro que algún día me saldría algo. Ah! y que, mucha suerte, que a ella también le costó mucho llegar hasta donde llegó… Eso sí. Me lo soltó: «Si me entero de algo, te cuento…». ¿Y sabéis? Ese día mi vida cambió. Decidí que yo misma me iba a diseñar un trabajo a medida. Con mi organización, mi tiempo y mi esfuerzo.

LA VIDA DA MUCHAS VUELTAS

De todo esto que os estoy contando la conclusión a la que llegué fue la siguiente: nadie, absolutamente nadie, pero nadie, ¿eh? Ni siquiera un amigo, va a hacer nada por vosotros. Y os lo digo yo, que jamás he tenido un padrino en ningún lado. Muchas palmaditas sí. Eso sí.

Y LA RECOMPENSA LLEGA

Pero he encontrado la forma de ganarme la vida y la libertad de seguir haciendo lo que me gusta, pero poniendo mucho más cariño a las cosas, pues soy yo mi propia empresa y he decidido que cuidándome a mí misma cuido a mi cliente y, por ende, a mi trabajo. Y sí. Lo digo como lo siento. He descubierto mi camino. Y disfruto siendo redactora freelance, porque es una profesión preciosa que me permite seguir desarrollándome en lo mío y ¿sabéis qué? También conciliar. Y, amigos, eso no lo cambio por nada.